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viernes, 1 de febrero de 2019

Fuera de campo






















Foto de Manuel Feo Ojeda


FUERA DE CAMPO

Juan Ramírez Guedes



1.-El “fuera de campo”

Como señala Lisa Pelizzon (1), hablando sobre la fotografía,  “El fuera de campo es parte de la misma realidad que ha quedado enmarcada en la foto, pero su importancia a veces se olvida.”. Esta afirmación, como ella misma señala es generalizable y constatablemente generalizada en las artes plásticas y aún en la literatura y el pensamiento escrito. Siguiendo a Philippe Dubois (2) a propósito de la naturaleza de ese "fuera de campo", ésta se revela como una estrategia o una técnica discursiva, pues, “el espacio fotográfico es entonces el resultado de una selección, de un corte que el fotógrafo opera sobre la realidad.” Este corte,  más que segmentar una imagen, hace que ésta haga alusión a algo que está fuera de ella, a un componente de la realidad que permanece convencionalmente  oculto, invisible, pero que completa al aspecto visible de la realidad representada.

Esta metáfora, en su generalización, representa fielmente la operación que proponemos desde la arquitectura, en la opción del trabajo docente e investigador que realizamos en LP_AEC, (3) en la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, pues consideramos que la actividad universitaria de la arquitectura, tanto en su experimentación docente como en su trabajo de investigación, debe estar atenta a las situaciones de máxima tensión intelectual en el desarrollo de la práctica de la disciplina en la realidad contemporánea, más allá de las evidencias e inercias convencionales simplemente repetitivas de las formas y concepciones de la praxis al uso. Se trata de mirar oblicuamente para entrar en escorzos no inmediatos de la realidad.

Esa realidad que desde los medios de comunicación tanto especializados como de masas, se viene reduciendo en su presentación a la reproducción de unos estereotipos que van desde la mera repetición de los mecanismos de las estrategias inmobiliarias de masas o vinculadas a una espectacularidad cada vez más insostenible y vacía, por una parte, y por otra a la endeblez de pretendidas alternativas supuestamente colaborativas y/o participativas, que buscando más bien puras opciones ocupacionales en el precario panorama extendido en la profesión, en realidad son funcionales al sistema como falsa salida consoladora, centrada más en prácticas sociales o directamente políticas que no ponen el foco en la problemática interna de la arquitectura. Ambas posiciones aparentemente antagónicas pero complementarias en el seno de un sistema, ambos impostores como el éxito y el fracaso, por parafrasear a Kipling en "If", ocultan y desenfocan una aproximación a nuevas visiones desde el interior de la específica disciplina de la arquitectura contemporánea y su objetivo fundamental: la construcción del espacio habitable.

Por ello en esa estrategia de "fuera de campo" intentamos abordar en una visión periférica, como en los límites del campo visual convencional, diferentes realidades y espacios de trabajo, complejos y abiertos que reúnen un potencial de máxima tensión intelectual y plástica como escenarios de investigación de algunas de las problemáticas de la arquitectura, la ciudad y el paisaje, del espacio material y visual en definitiva, que no aparecen habitualmente en el foco del interés convencional, aunque implícitamente están latentes ahí, "fuera de campo".


2. Espacio informal

El estudio y el proyecto de la ciudad construida, frecuentemente se vincula a la idea y a la realidad de la ciudad histórica o al menos a la ciudad tradicionalmente producida y edificada. Desde finales de los años 60 del pasado siglo, con un punto de inflexión en la publicación de La arquitectura de la ciudad de Aldo Rossi (4), la problemática del proyecto de la forma urbis y de sus elementos arquitectónicos, recuperando cierta visión clásica,  se centra en la constitución de las tipologías decantadas, las morfologías urbanas por ellas determinadas y su relación con los elementos singulares o monumentos. Se establece, o más bien se repropone, de este modo una visión formalizada, es decir centrada en la "formalidad", (más allá de la forma) como visión canónica que privilegia un espacio simbólico jerarquizado y estable, codificado e inamovible, una visión que afecta incluso a situaciones adscritas a la tradición del Movimiento Moderno (a pesar de su supuesta y convencionalmente aceptada ruptura con la historia), como son los dos únicos casos de ciudades modernas realmente existentes, Brasila y Chandigarh.

Contemporáneamente y a pesar de las sucesivas opciones lingüísticas de la arquitectura desde el tardomoderno al posmodernismo, minimalismo, la moda del parametricismo (y el fetichismo de la herramienta informática huyendo de la complejidad del proyecto), etc., hasta la actual y banal dispersión acrítica  y su hiperdifusión mediática, a pesar de todos los fuegos de artificio, este sistema de codificación espacial urbana basada en la "formalidad" canónica, sigue presente como visión hegemónica, definiendo el campo de interés del discurso arquitectónico contemporáneo y su producción material.

Frente a esa realidad, operando "fuera de campo" vemos como un segmento mayoritario del espacio realmente existente, el espacio periférico no sólo habitativo, sino además el del mundo del trabajo, el espacio maquínico e industrial como el que retrata Sironi (5) , el espacio de las infraestructuras, los intersticios y espacios residuales y/o indefinidos,  coexiste estrechamente vinculado a ese otro espacio canónico. Es justamente este tipo de espacio, el "espacio informal", el que carece de codificación jerárquica, el espacio sin formalidad, el que constituye paradójicamente la sede de la mayor representación de las tensiones formales en acción en la ciudad, la mayor inestabilidad y dinamismo que aportan otra dimensión poética y plástica al espacio y el paisaje urbanos, y que recibe en su materialidad las mayores confrontaciones entre lo viejo y lo nuevo, entre lo local y lo universal, entre lo natural y lo artificial, encarnando así la termporalidad urbana como un proceso abierto, entrópico y vivo. Como documenta entre otros Gabriele Basílico (6) en su fotografía.

En nuestra investigación hemos abordado como "Proyecto en la Intersección" (7) un seminario de Proyecto Fin de Carrera que desarrolla intervenciones arquitectónicas en las áreas de "espacio informal" de la ciudad de Venecia, buscando con esa intersección la directa confrontación entre las estrategias de proyecto sobre los segmentos informales y el entorno hiperformalizado y monumental de esa ciudad paradigmática y también sometida a importantes procesos de cambio y deterioro. La intersección de la entropía y la memoria.


3. Paisaje no-canónico

En su pequeño opúsculo que parafrasea al libro de Roland Barthes del mismo título, Joan Fontcuberta (8) escribe:  "Esos elementos de desecho constituyen los restos arqueológicos de una vida que espontáneamente se ha generado en el paisaje, una actividad a la vez pública y privada que ha encontrado en esos espacios vacíos y abiertos, el terrain vague, su escenario natural. No se trata de una documentación del aspecto superficial de las cosas, de sus apariencias externas, sino de provocar la intersección entre dos etapas, el antes y el después, aquello todavía fundacional con aquello ya inútil, la exuberancia de la vitalidad urbana con la melancolía de los vestigios más humildes".

El espacio informal de las periferias urbanas y aún más, de los descampados, áreas erosionadas, espacios militares, de ruinas industriales o lugares estragados por la naturaleza o la acción humana, genera un paisaje no-canónico en las antípodas de una idea de paisaje arraigada burocráticamente. Mientras que este paisaje institucionalizado,  bucólicamente concebido muchas veces más como una especie de decoración a escala geográfica, la noción de paisaje no-canónico,  emerge de una visión casi forense del territorio informal, del espacio "en bruto" abordado como sustrato vivo de la acción humana a través del tiempo. El paisaje del espacio informal.

En el espacio de la península la Isleta en Las Palmas de Gran Canaria,  tanto en su lado oeste, el Confital, como en la vertiente oriental de la península encontramos un territorio que, con diferentes características, se aparece como paisaje no-canónico. Por una parte el "arqueopaisaje" del Confital y Las Salinas, caracterizado por la presencia de vestigios militares (bunkers, etc.) junto a restos de estructuras que fueron sede de actividades productivas, y por otra parte en el sector del Cebadal-cantera Roque Ceniciento , en el arco norte-noreste de la Isleta,  con la aglomeración de estructuras y elementos industriales de diferentes épocas, constituyen dos ámbitos espaciales soportados por la presencia de la  potente geología volcánica, que en sus diferentes grados de transformación y sus vibraciones formales caracterizan una forma de paisaje contemporaneo antropizado y "entropizado"  como tema de proyecto.

En el libro "Ciudad, paisaje e imaginación" (9) se detallan las operaciones de proyecto realizadas sobre La Isleta en nuestro seminario de PFC, en una metodología que confronta complejidad y abstracción, como estrategia de intensificación de las formas y procesos inmanentes en el lugar.

También en el proyecto "Paisaje Análogo" (10) trabajando sobre la periferia metropolitana de Roma, Italia, se propone la articulación de un paisaje no-canónico, mediante la construcción de un sistema formal basado en la actividad productiva recuperando mediante su tecnificación la agricultura tradicional del área, basada en el olivo, como parque tecnoagrario.

La estrategia de proyecto se concibe como un "paisaje análogo" en función de su génesis apoyada en una triple analogía: en primer lugar su analogía con la arqueoestructura morfológica y funcional del área, enraizándose en un territorio alterado ya desde la antigüedad clásica; en segundo lugar, como apuesta metodológica,  la analogía con las hipótesis del modelo teórico desurbanista y su experiencia histórica; y en tercer lugar la analogía, en el plano simbólico, con el arquetipo de lo natural y su proximidad icónica a la figura del  "Árbol de la vida" de  Gustav Klimt.


4. Anti-monumento

Robert Smithson en su tour por los monumentos de Passaic (11) New Jersey, en su recorrido por la periferia posindustrial de dicha ciudad, y atravesando un territorio que responde con claridad a la idea de espacio informal y paisaje no-canónico, realiza una descripción tensa de los diferentes elementos materiales que encuentra ubicados y en diferentes casos abandonados en un terreno agreste y erosionado. En su aproximación, esos elementos anónimos, restos y residuos de antiguas actividades, o no tan antiguas pero ya obsoletas, junto a otros artefactos y estructuras infraestructurales, como un puente, etc, constituyen los "monumentos" que testimonian el carácter dinámico, temporal de ese espacio, ese paisaje, evidenciando los procesos entrópicos irreversibles del espacio contemporáneo.

La operación simthsoniana  en Passaic se verifica apoyándose en la construcción de imágenes fotográficas de los "monumentos" que en esa transfiguración al papel en blanco en negro sufren una suerte de deconstrucción óptica que pretendidamente les despoja de cualquier contenido iconicidad que pudieran conservar, hasta el extremo que la intelectualización que esa práctica artística produce, hace oscilar entre realidad y representación la enigmática naturaleza de los objetos  que Smithson propone y que sin embargo finalmente de otro modo son estetizados.

Dando por nuestra parte, modestamente, un paso más allá de esa estetización del "monumento" proponemos otra categoría cuya pretensión es ofrecerse como operativa, es decir no sólo como categoría analítica  sino también como categoría proyectual: "Un monumento se refiere siempre a un hecho concreto del pasado o un momento histórico lejano que se recuerda en el presente. Se trata de situaciones o historias ocurridas, que son trascendentes para la sociedad actual, y que se materializan en nuestra realidad diaria a través del monumento, ayudándonos a entender el presente a través de la búsqueda de sus raíces. El anti-monumento, en cambio, se refiere a estructuras abandonadas, obsoletas, en desuso y descomposición, en las que su función ha quedado parada en el tiempo de forma abrupta. Se generan así lugares de incertidumbre y, al mismo tiempo, de oportunidad, dejando abierto el debate y la reflexión sobre sus posibles futuros. Estos espacios no son considerados ya como contenedores de las historias del pasado sino como precursores de nuevos acontecimientos." (12)

Si el monumento conmemora el pasado el anti-monumento hace "recordar" el futuro. Es proyecto.


Referencias

1.-Pelizzon, Lisa. “Más allá de la foto. El fuera de Campo como estrategia narrativa”. Le Miau Noir, (digital) 2017.

2.-Dubois, Philippe. El acto fotográfico y otros ensayos. La Marca, Buenos Aires, 2008.

3.-LP_AEC. Laboratorio de Proyectos Arquitectura y Espacio Contemporáneo. http://lpaec.blogspot.com.es/

4.Rosssi, Aldo. La arquitectura de la ciudad. Gustavo Gili, Barcelona, 1979.

5. Mario Sironi. Il mito dell'architettura, Catálogo de la exposición. Mazotta, Milano, 1990.

6. Basilico, Gabriele. Entropía y espacio urbano. Catálogo de la exposición. Fundación ICO. La Fábrica, Madrid, 2017.

7. "Proyecto en la Intersección". Seminario de Proyecto Fin de Carrera. http://lpaec.blogspot.com.es/2017/05/proyecto-en-la-interseccion-venecia.html  2016, 2017 y 2018.

8. Fontcuberta, Joan. El imperio de los signos. Mestizo A.C. Murcia, 1997.

9. Véase, Ramírez Guedes, Juan "Vibraciones entre la ciudad y el paisaje", en AA.VV. Ciudad, Paisaje e imaginación. LP_AEC, Las Palmas de Gran Canaria, 2016

(10) "Paisaje Análogo. Parque productivo. Parque tecnoagrario". Proyecto para la periferia metropolitana de Roma. Grupo de proyecto Dirigido por Juan Ramírez Guedes y Elisenda Monzón Peñate. Presentado dentro del espacio de la ULPGC en la exposición de proyectos de 24 universidades internacionales Roma 20-25 New Life  Cycles for the Metrópolis,  en el MAXXI  Museo Nazionale delle Arti nel XXI secolo, en Roma. Catálogo Roma 20.-25, Quodlibet, Roma, 2015. También publicado en Proyecto Momentum 2015.

(11) Smithson, Robert. Un recorrido por los monumentos de Passaic, (A tour  of the Monuments of Passaic, New Jersey. 1967). Edición española de Gustavo Gili, Barcelona, 2006

(12) Lacruz  Alvira, Elena  y Ramírez Guedes, Juan. "Anti-monumentos. Recordando el futuro a través de los lugares abandonados. / Anti-Monuments. Remembering futures through abandoned places". RITA. Revista Indexada de Textos Académicos. 2017. Véase tambien: Lacruz Alvira, Elena y Ramírez Guedes, Juan: "The Anti-monument. The Deconstruction of Time and Memory in New Ruins and Abandoned Places" en AA.VV. Projecting Memory. IRF Press. Interdisciplinary Research Foundation. Warsaw. Poland,  2017.

miércoles, 10 de junio de 2009

Releyendo "La Red"

Red de paraderos. Marcel Duchamp
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Releyendo "La Red"
Juan Ramírez Guedes
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El número ocho es el símbolo del infinito, un indefinido fluir y entrelazarse. Es el símbolo del infinito puesto de pie como si aquel fluir fuera algo que se desplaza de lo bajo hacia lo alto y viceversa.

Releyendo un artículo titulado "La red" publicado en 1992 en la revista de arquitectura "Periferia", en Sevilla, me encuentro, casi en la conclusión, con estas líneas:

"La escena final, manifiesto-happening de protesta contra el orden de la nueva ciudad, se presenta como una intrincada red de relaciones complejas, cuando la catástrofe desciende sobre la ciudad del orden, y todos están contra todos".
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La ciudad a la que se refiere el artículo es una ciudad imaginaria, "Mahagonny", la ciudad de la ópera de Brecht y Weill, y es una "ciudad blanca, su orden es estricto, sus espacios equilibrados, su paz social es absoluta; funciona como una máquina perfecta... pero sus habitantes jamás podrán llegar a ser dichosos..."

Uno de sus más significativos habitantes, en un pasaje de la ópera hace esta afirmación: "Ah, con nuestra entera Mahagonny, ningún hombre podrá jamás ser dichoso, porque reina demasiada paz y demasiada concordia y porque existe demasiado en que poder confiar".

La ciudad aparentemente perfecta es una máquina de la insatisfacción y el desasosiego, el desasosiego y la incomodidad que se instalan en el ánimo ante un discurso de la realidad demasiado redondo y acabado para ser verosímil. La concordia muchas veces no es más que autocomplacencia o silencio.

La chispa de la duda y la inquietud salta siempre delante de aquello que se presenta como indiscutible. Todo lo incuestionable es sospechoso por definición, y todo lo "perfecto" esconde el germen de la inautenticidad; oculta en sus pliegues inmaculados la sombra de lo espurio.
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La manera de ser de la ciudad es una manera de ser abierta, inconclusa, imperfecta, y es en esa imperfección en la que reside su vitalidad, su ser un ente vivo, abierto al poder ser. Todo lo vivo es perecedero, y lo que no lo es, es porque nunca ha estado vivo, porque su cristalina perfección es la de lo inorgánico y lo inerte.

En Heliópolis, Ernst Jünger reflexiona refiriéndose a la ciudad homónima: "Es el error del tejedor, el temblor de sus manos, lo que hace su dibujo irrepetible, tal como corresponde a las cosas perecederas".
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La ciudad, el territorio, el paisaje, son realidades complejas. La ciudad contemporánea incluso tiende a difuminar la división anterior ciudad-territorio, y por ello es la sede más destacada del fenómeno de la complejidad. La ciudad, en términos generales, no se puede reducir a una categoría ideal, una única idea cerrada de ciudad, ni tampoco a ser el soporte de una colección de objetos pretendidamente deslumbrantes.

Si ello es cierto en términos generales, en nuestro caso concreto lo es aún más: un discurso ideal sobre la ciudad, el territorio, el paisaje, superponiéndose a (ocultando) la realidad del espacio canario, remanda a la relación entre el personaje y el cuadro en El retrato de Dorian Gray, y los objetos deslumbrantes lo son, para con su reflejo interferir, deslumbrar (quitar luz a), nuestra mirada sobre una realidad caracterizada por importantísimos desequilibrios territoriales, tanto formales como económicos y sociales, que dibujan un panorama de precariedad y desigualdad.

A riesgo de ser intempestivo, esta estetización de la ciudad y del territorio, del espacio contemporáneo en fin, nos lleva a plantearnos qué significa en realidad la palabra contemporáneo, palabra que sanciona y santifica un determinado paradigma estético. Lo contemporáneo es lo presente, lo actual, y así son contemporáneos también los conflictos irresolutos, las precariedades y carencias que emergen en diversos lugares de nuestro espacio. Si esta formulación se considera demagógica, forzoso es considerar, pues, demagógica a la propia realidad. Contemporánea es la marginalidad, la precariedad.

Si, como dice Heidegger, habitar es un construir fundante, estamos muy lejos de un habitar que dirija sus ojos al horizonte de un sentido, de una reconstitución de la polis, y mientras tanto seguimos pensando la arquitectura como la espuma de las olas saltando en el aire, espuma que ruge y brilla para luego deshacerse en nada.
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El ocho es el símbolo de un infinito que con su caligrafía se entrelaza como una red cerrada y autorrefencial, regresando sobre sí mismo una y otra vez. Es también por tanto un símbolo de persistencia y de renovación y renacimiento, pero también de retorno y reiteración.

Hace ocho años que nos dejó Sergio Pérez Parrilla, cuyo artículo ha dado pie a esta reflexión. No sé si dentro de otros ocho años será preciso escribir otro en los mismos términos. Preferiría no hacerlo, como Bartleby. En cualquier caso, para ti Sergio, este recuerdo en el 2001.

Nota:

El texto precedente es un artículo escrito en 2001 rememorando la figura de Sergio T. Pérez Parrilla, arquitecto, profesor y amigo, catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la ETS de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria, con motivo del octavo aniversario de su prematura desaparición. En él me convocaba a mi mismo al siguiente número ocho, ese número símbolo del infinito ascendente. Ocho años después, he preferido reproducirlo, dada la persistencia de un diagnóstico que afecta la ciudad, el territorio y el paisaje, como una señal de retorno en estos tiempos de desmemoria.

Las Palmas de Gran Canaria, junio de 2009

Publicado en ETSALP: 40 AÑOS

viernes, 26 de diciembre de 2008

Líneas sobre Las Palmas


Las Palmas de Gran Canaria

Líneas sobre Las Palmas. Entrevista -imaginaria- con Ernst Jünger
Juan Ramírez Guedes
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Las Palmas de Gran Canaria, finales de diciembre. Jünger llega con veinte minutos de retraso a la cita; se excusa con una sonrisa y atribuye la dilación al tráfico de la ciudad. Esta mañana temprano ha ido a pasear por Las Canteras y le ha sorprendido allí el mediodía.
- P: ¿Ha encontrado en su paseo muchas diferencias con respecto a la imagen que transcribe en sus Memorias?
-R: En cierto modo y a pesar de las numerosas transformaciones que he observado, creo que sustancialmente el espíritu de la ciudad no ha cambiado demasiado, al menos en lo que mis ojos han percibido en las pocas horas que llevo aquí. Es posible que la edad haya petrificado mi retina y no tenga ya en la mirada aquella elasticidad de la visión estereoscópica, pero permítame que lo dude.
-P: ¿Y cual sería ese espíritu de la ciudad, de Las Palmas, en que estriba?
-R: Es difícil responder con palabras; yo percibo un cierto desencajamiento del Genius Loci, un desacomodo del ser de la ciudad con respecto a su estar en la historia; añadiría metafóricamente, si me lo permite, que es algo como el Dasein que no termina de encontrar su ahí. La característica de ese espíritu que más me impresiona es su tendencia a la indecisión.
-P: ¿Esta tendencia a la indecisión, como se manifiesta?
-R: Insiste usted en formular preguntas de difícil respuesta; debe entender que hablamos de cosas relativamente inefables; creo que sería preciso recurrir a un lenguaje, a un pensamiento en imágenes para poderle responder. Las palabras son radiaciones de imágenes lentas que llegan a través del tiempo; la relación entre ellas yo diría que se corresponde con aquella relación entre la verdad y las metáforas, el metal y las monedas, según la idea de Nietzsche. Ahora bien, regresando a su pregunta, la indecisión de que habla, a mi modo de ver radica en un estado de indefinición, de no asunción de una posición en el seno de ese espíritu más general, el Weltgeist, el espíritu del mundo.
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-P: No se si acabo de entenderle: ¿este espíritu de la ciudad representa en realidad un estar fuera?
-R: Quizá sea más correcto decir un no estar. Uno de los nihilismos consiste en cerrar los ojos y negar la realidad de los tiempos: el nihilismo implícito del que hablaba Nietzsche; negándose a asumir el hálito del Weltgeist, se coloca, por así decirlo, al margen de la vida. La reivindicación de los viejos valores bloquea al final cualquier recolocación en el surco del tiempo.
-Jünger toma un sorbo del dry Martini que le han servido poco antes; tras un instante prosigue-En La Tijera, escribí sobre la fuerza o la potencia sin nombre que yace dormida en la ola; lo natural en la ola es comunicar esa potencia en el movimiento ondulatorio del agua hasta culminar su camino y hacerse espuma en el arrecife. La espuma del oleaje representa la verificación del destino de la ola. A este propósito, en Las Palmas, parece que las olas suspenden su consunción en la espuma. Una ola así, tal vez ya no pueda llamarse ola. La espuma que hoy he podido ver saltando en el mar azul sobre la barra de Las Canteras, no hace que consiga desterrar este pensamiento.
-P: ¿Este planteamiento tal vez hace referencia a un estado de perpetua inconclusión? De ser así usted atribuye a esta ciudad lo que no es más que una característica de la ciudad contemporánea, y aún diría más, de la ciudad a través de la historia; la ciudad debe entenderse como una opera aperta.
-R: Evidentemente no radica sólo en ese extremo el sentido de lo que trato de expresar. Ese carácter de obra abierta viene expresado por la espuma de la ola; el lugar en la punta de la flecha del tiempo no es un lugar inmóvil; la ola al estrellarse, se abre; justamente lo que intento decir es que en este caso la obra ha sido cerrada. Ha sido cerrada si no en el mundo de la apariencia sensible, si en el mundo más oculto del desideratum, del sentido de la intangible construcción de una cartografía de los deseos colectivos de los habitantes.
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-P: ¿Debo entender que esa cartografía de los deseos representa de alguna forma la noción de proyecto? No creo que el destino de la ciudad contemporánea pueda comprimirse en una sola idea, en un único proyecto que sintetice ese desear colectivo; ¿no piensa que hablamos de una realidad más poliédrica y sobre todo más fragmentaria?
-R: Me ha hecho dos preguntas y creo que puedo responder a ambas a un tiempo: en primer lugar esa cartografía lo que representa es un conjunto de líneas de múltiple geometría: hay líneas paralelas, convergente y divergentes; algunas de estas líneas deben propender a articularse y construir haces, a sumar sus fuerzas; otras, por el contrario, se perderán en las estrellas. La expresión de esta diversidad es lo que posibilita la aparición de un sentido. Son tan importantes las líneas que colaboran entre si como las que están destinadas a un infinito viaje, porque unas construyen el suelo y otras el horizonte.
-P: No obstante me gustaría insistir en el carácter fragmentario del mundo contemporáneo, aún en esta era, y por lo tanto de la ciudad, lugar de intensificación de sus cualidades; ¿cual sería el papel de su cartografía?
-R: En cierto modo vendría a suponer una polifonía, una construcción coral donde no todo fuese necesariamente armónico, porque la armonía muchas veces cierra. Es más, seguramente debería incluir disonancias e incluso ruido. Son necesarias tanto las líneas divergentes como las convergentes; también las silenciosas líneas paralelas que sólo pueden encontrarse en el infinito. Lo importante es la noción de apertura.
-P: En otro orden de cosas las ciudades que usted transcribe tanto en Heliópolis como en Eumenswil, son ciudades insulares como Las Palmas; la isla reaparece en su Visita a Godenholm. Parece haber en su obra un específico interés por lo que la isla significa.
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-R: En efecto, así es; y debo decirle por lo demás que aquella ciudad del sol, Heliópolis, contiene algunas resonancias de Las Palmas: aquellas islas de Las Hespérides, la cualidad del universo oceánico, el brillo del sol... Pero volviendo a su afirmación, creo que la isla es un lugar singular donde se confunden las geometrías del espacio y el tiempo. La isla reúne la condición de la monotonía del tiempo autodevorado con la apertura que provoca la confrontación con lo inconmensurable, con el ignoto horizonte oceánico: es un lugar a la vez cerrado y abierto. De su finitud y su reconcentración puede emanar una intensificación de la conciencia que provoca la visión estereoscópica.
-P: Pero también son espacios claustrofóbicos, al menos en dos de las obras citadas.
-R: Es que hay un movimiento y un contramovimiento. Toda moneda tiene su reverso, y no interprete esto como una declaración de dualismo maniqueo. La intensificación de la conciencia puede ser un proceso doloroso, pero la condición de la expansión es la previa compresión. Al final recuerde que es Ben Gunn el único que conoce el emplazamiento del tesoro.
-P:¿La isla es el lugar de La Emboscadura por antonomasia?
-R: No es casualidad que Waldgang (emboscadura) sea una palabra de origen islandés; pero se puede uno emboscar en cualquier sitio, en un apartamento en Brooklyn como el personaje de Auster o en una cabaña más allá de sendas perdidas como la de Heidegger.
-P: Dígame cual es su arquetipo para la figura del emboscado.
-R: El mundo de la literatura está poblado de estas figuras: quizás la más completa en su radicalidad sea la que representa el capitán Nemo, cuyo mismo nombre ya es una forma de emboscadura, emboscado en su submarino, una isla móvil (Mobilis in Mobile). También se podría decir que Hamlet es un emboscado, agazapado en las profundidades de su consciencia, tras el parapeto de la locura.
-P: Sólo un par de preguntas y terminamos: volviendo a la ciudad de Las Palmas, ¿tiene algún lugar de especial resonancia para usted?

-R: En mi vista de 1970, concretamente a principios de junio, si la memoria no me engaña, ya estuve en un lugar especial, en La Isleta, donde pude recorrer las salinas y los secaderos de pescado. Me bañé entre los arrecifes de lava más allá del Confital y estuve pescando en los charcos y recogiendo conchas para mi colección; conchas de todas las formas que yacían mezcladas entre una especie de grava de origen orgánico entreverada de partículas de roca finísimamente molida por el mar. Recuerdo que pasé aquella tarde invadido por una especie de bienestar geométrico bajo el silencio geológico sólo roto por el ulular del viento. Ahora tengo entendido que ese espacio se halla amenazado: más olas sin espuma. Más allá de lo que representa para el naturalista, creo que ese lugar constituye un patrimonio poético, si la geografía puede admitir esa idea. También estuve esa tarde en La Puntilla, donde ahora hay una plaza y un restaurante; recordando a Melville creí ver más allá de la barra a la Ballena Blanca.
-P: Para acabar, permítame recordar sus palabras finales de La Tijera; decía usted que "inmediatamente antes e inmediatamente después -del momento de la muerte- se producirán muchísimos acontecimientos interesantes"; ¿podría decirme si finalmente tenía usted razón?
-R: No se como responderle. No estoy seguro de cual fue el instante del trance... ¿Que es el fin? Después de que Hamlet pronunciara también aquellas últimas palabras: "The rest is silence", su voz sigue oyéndose una y otra vez por todo el mundo traspasando el muro del tiempo.
-P: ¿Volveremos a hablar en otra ocasión?
-R: Seguramente.
-P: Espero que ese no sea un encuentro peligroso.
-R: Yo también, pero en todo caso no olvide los versos de Patmos de Hölderlin, las líneas del peligro y las líneas de la oportunidad.
-P: Hasta la vista Herr Jünger.
-R: Auf Wiedersehen.