viernes, 26 de diciembre de 2008

Líneas sobre Las Palmas


Las Palmas de Gran Canaria

Líneas sobre Las Palmas. Entrevista -imaginaria- con Ernst Jünger
Juan Ramírez Guedes
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Las Palmas de Gran Canaria, finales de diciembre. Jünger llega con veinte minutos de retraso a la cita; se excusa con una sonrisa y atribuye la dilación al tráfico de la ciudad. Esta mañana temprano ha ido a pasear por Las Canteras y le ha sorprendido allí el mediodía.
- P: ¿Ha encontrado en su paseo muchas diferencias con respecto a la imagen que transcribe en sus Memorias?
-R: En cierto modo y a pesar de las numerosas transformaciones que he observado, creo que sustancialmente el espíritu de la ciudad no ha cambiado demasiado, al menos en lo que mis ojos han percibido en las pocas horas que llevo aquí. Es posible que la edad haya petrificado mi retina y no tenga ya en la mirada aquella elasticidad de la visión estereoscópica, pero permítame que lo dude.
-P: ¿Y cual sería ese espíritu de la ciudad, de Las Palmas, en que estriba?
-R: Es difícil responder con palabras; yo percibo un cierto desencajamiento del Genius Loci, un desacomodo del ser de la ciudad con respecto a su estar en la historia; añadiría metafóricamente, si me lo permite, que es algo como el Dasein que no termina de encontrar su ahí. La característica de ese espíritu que más me impresiona es su tendencia a la indecisión.
-P: ¿Esta tendencia a la indecisión, como se manifiesta?
-R: Insiste usted en formular preguntas de difícil respuesta; debe entender que hablamos de cosas relativamente inefables; creo que sería preciso recurrir a un lenguaje, a un pensamiento en imágenes para poderle responder. Las palabras son radiaciones de imágenes lentas que llegan a través del tiempo; la relación entre ellas yo diría que se corresponde con aquella relación entre la verdad y las metáforas, el metal y las monedas, según la idea de Nietzsche. Ahora bien, regresando a su pregunta, la indecisión de que habla, a mi modo de ver radica en un estado de indefinición, de no asunción de una posición en el seno de ese espíritu más general, el Weltgeist, el espíritu del mundo.
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-P: No se si acabo de entenderle: ¿este espíritu de la ciudad representa en realidad un estar fuera?
-R: Quizá sea más correcto decir un no estar. Uno de los nihilismos consiste en cerrar los ojos y negar la realidad de los tiempos: el nihilismo implícito del que hablaba Nietzsche; negándose a asumir el hálito del Weltgeist, se coloca, por así decirlo, al margen de la vida. La reivindicación de los viejos valores bloquea al final cualquier recolocación en el surco del tiempo.
-Jünger toma un sorbo del dry Martini que le han servido poco antes; tras un instante prosigue-En La Tijera, escribí sobre la fuerza o la potencia sin nombre que yace dormida en la ola; lo natural en la ola es comunicar esa potencia en el movimiento ondulatorio del agua hasta culminar su camino y hacerse espuma en el arrecife. La espuma del oleaje representa la verificación del destino de la ola. A este propósito, en Las Palmas, parece que las olas suspenden su consunción en la espuma. Una ola así, tal vez ya no pueda llamarse ola. La espuma que hoy he podido ver saltando en el mar azul sobre la barra de Las Canteras, no hace que consiga desterrar este pensamiento.
-P: ¿Este planteamiento tal vez hace referencia a un estado de perpetua inconclusión? De ser así usted atribuye a esta ciudad lo que no es más que una característica de la ciudad contemporánea, y aún diría más, de la ciudad a través de la historia; la ciudad debe entenderse como una opera aperta.
-R: Evidentemente no radica sólo en ese extremo el sentido de lo que trato de expresar. Ese carácter de obra abierta viene expresado por la espuma de la ola; el lugar en la punta de la flecha del tiempo no es un lugar inmóvil; la ola al estrellarse, se abre; justamente lo que intento decir es que en este caso la obra ha sido cerrada. Ha sido cerrada si no en el mundo de la apariencia sensible, si en el mundo más oculto del desideratum, del sentido de la intangible construcción de una cartografía de los deseos colectivos de los habitantes.
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-P: ¿Debo entender que esa cartografía de los deseos representa de alguna forma la noción de proyecto? No creo que el destino de la ciudad contemporánea pueda comprimirse en una sola idea, en un único proyecto que sintetice ese desear colectivo; ¿no piensa que hablamos de una realidad más poliédrica y sobre todo más fragmentaria?
-R: Me ha hecho dos preguntas y creo que puedo responder a ambas a un tiempo: en primer lugar esa cartografía lo que representa es un conjunto de líneas de múltiple geometría: hay líneas paralelas, convergente y divergentes; algunas de estas líneas deben propender a articularse y construir haces, a sumar sus fuerzas; otras, por el contrario, se perderán en las estrellas. La expresión de esta diversidad es lo que posibilita la aparición de un sentido. Son tan importantes las líneas que colaboran entre si como las que están destinadas a un infinito viaje, porque unas construyen el suelo y otras el horizonte.
-P: No obstante me gustaría insistir en el carácter fragmentario del mundo contemporáneo, aún en esta era, y por lo tanto de la ciudad, lugar de intensificación de sus cualidades; ¿cual sería el papel de su cartografía?
-R: En cierto modo vendría a suponer una polifonía, una construcción coral donde no todo fuese necesariamente armónico, porque la armonía muchas veces cierra. Es más, seguramente debería incluir disonancias e incluso ruido. Son necesarias tanto las líneas divergentes como las convergentes; también las silenciosas líneas paralelas que sólo pueden encontrarse en el infinito. Lo importante es la noción de apertura.
-P: En otro orden de cosas las ciudades que usted transcribe tanto en Heliópolis como en Eumenswil, son ciudades insulares como Las Palmas; la isla reaparece en su Visita a Godenholm. Parece haber en su obra un específico interés por lo que la isla significa.
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-R: En efecto, así es; y debo decirle por lo demás que aquella ciudad del sol, Heliópolis, contiene algunas resonancias de Las Palmas: aquellas islas de Las Hespérides, la cualidad del universo oceánico, el brillo del sol... Pero volviendo a su afirmación, creo que la isla es un lugar singular donde se confunden las geometrías del espacio y el tiempo. La isla reúne la condición de la monotonía del tiempo autodevorado con la apertura que provoca la confrontación con lo inconmensurable, con el ignoto horizonte oceánico: es un lugar a la vez cerrado y abierto. De su finitud y su reconcentración puede emanar una intensificación de la conciencia que provoca la visión estereoscópica.
-P: Pero también son espacios claustrofóbicos, al menos en dos de las obras citadas.
-R: Es que hay un movimiento y un contramovimiento. Toda moneda tiene su reverso, y no interprete esto como una declaración de dualismo maniqueo. La intensificación de la conciencia puede ser un proceso doloroso, pero la condición de la expansión es la previa compresión. Al final recuerde que es Ben Gunn el único que conoce el emplazamiento del tesoro.
-P:¿La isla es el lugar de La Emboscadura por antonomasia?
-R: No es casualidad que Waldgang (emboscadura) sea una palabra de origen islandés; pero se puede uno emboscar en cualquier sitio, en un apartamento en Brooklyn como el personaje de Auster o en una cabaña más allá de sendas perdidas como la de Heidegger.
-P: Dígame cual es su arquetipo para la figura del emboscado.
-R: El mundo de la literatura está poblado de estas figuras: quizás la más completa en su radicalidad sea la que representa el capitán Nemo, cuyo mismo nombre ya es una forma de emboscadura, emboscado en su submarino, una isla móvil (Mobilis in Mobile). También se podría decir que Hamlet es un emboscado, agazapado en las profundidades de su consciencia, tras el parapeto de la locura.
-P: Sólo un par de preguntas y terminamos: volviendo a la ciudad de Las Palmas, ¿tiene algún lugar de especial resonancia para usted?

-R: En mi vista de 1970, concretamente a principios de junio, si la memoria no me engaña, ya estuve en un lugar especial, en La Isleta, donde pude recorrer las salinas y los secaderos de pescado. Me bañé entre los arrecifes de lava más allá del Confital y estuve pescando en los charcos y recogiendo conchas para mi colección; conchas de todas las formas que yacían mezcladas entre una especie de grava de origen orgánico entreverada de partículas de roca finísimamente molida por el mar. Recuerdo que pasé aquella tarde invadido por una especie de bienestar geométrico bajo el silencio geológico sólo roto por el ulular del viento. Ahora tengo entendido que ese espacio se halla amenazado: más olas sin espuma. Más allá de lo que representa para el naturalista, creo que ese lugar constituye un patrimonio poético, si la geografía puede admitir esa idea. También estuve esa tarde en La Puntilla, donde ahora hay una plaza y un restaurante; recordando a Melville creí ver más allá de la barra a la Ballena Blanca.
-P: Para acabar, permítame recordar sus palabras finales de La Tijera; decía usted que "inmediatamente antes e inmediatamente después -del momento de la muerte- se producirán muchísimos acontecimientos interesantes"; ¿podría decirme si finalmente tenía usted razón?
-R: No se como responderle. No estoy seguro de cual fue el instante del trance... ¿Que es el fin? Después de que Hamlet pronunciara también aquellas últimas palabras: "The rest is silence", su voz sigue oyéndose una y otra vez por todo el mundo traspasando el muro del tiempo.
-P: ¿Volveremos a hablar en otra ocasión?
-R: Seguramente.
-P: Espero que ese no sea un encuentro peligroso.
-R: Yo también, pero en todo caso no olvide los versos de Patmos de Hölderlin, las líneas del peligro y las líneas de la oportunidad.
-P: Hasta la vista Herr Jünger.
-R: Auf Wiedersehen.