sábado, 13 de diciembre de 2008

XIII Premio de Arquitectura de Canarias

VPO en Vecindario, Gran Canaria. Romera y Ruiz arquitectos. Primer Premio modalidad obra nueva, vivienda

Premio Regional de Arquitectura de Canarias
XIII Edición
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Jurado:
Juan Torres Alemán, Manuel Feo Ojeda, Juan Ramírez Guedes, Jeffrey Kipnis, Fuensanta Nieto, Fátima Fernandes y Beth Galí
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Espacio interior y paisaje
Juan Ramírez Guedes

La última edición del Premio de Arquitectura de Canarias del COAC, del Colegio de Arquitectos de Canarias, fallada en junio pasado en Santa Cruz de Tenerife, teniendo como jurados a Juan Torres Alemán, anterior Decano del COAC como presidente, junto con Jeffrey Kipnis, crítico de arquitectura, profesor de arquitectura en la Ohio State University y profesor invitado en la Universidad de Columbia, Fuensanta Nieto, profesora de proyectos en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Europea de Madrid, Fatima Fernandes, profesora de la Sección de Arquitectura en la Escola Superior Artística de Oporto, Beth Galí. Presidenta del FAD, Manuel Feo Ojeda, profesor designado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria, y finalmente quien esto escribe, elegido por los concursantes, otorgó dos premios a las que se consideraron las mejores obras presentadas, siendo las mismas, en la categoría de obra nueva, vivienda, la obra: “8 casas inscritas y tres patios. Edificio VPO”, en Vecindario, Gran Canaria, de los arquitectos Pedro Romera García y Ángela Ruíz Martínez, y en la categoría de obra nueva, otros usos, la obra: “Centro Insular de Atletismo de Tenerife”, en Santa Cruz de Tenerife, de los arquitectos Felipe Artengo Rufino, José Mª. Rodríguez-Pastrana Malagón y Fernando Martín Menis, con la colaboración de Mariola Merino Martín, obra que además recibió el Premio Especial del Jurado por su relevancia y acierto.
Dada la calidad y cantidad de las obras presentadas en la modalidad de obra nueva, vivienda, el jurado consideró adecuado (interpretando generosamente las bases del certamen) otorgar más de una mención en esta categoría, resultando adjudicatarias de las mismas las obras: “Vivienda unifamiliar casa escondida”, en Gran Canaria, del arquitecto José Antonio Sosa Díaz-Saavedra; “Vivienda unifamiliar aislada Santa Margarita”, en Gran Canaria, de los arquitectos Pedro Romera García y Ángela Ruíz Martínez con la colaboración del escultor Juan Correa, y “Casa, árboles y casa de muñecas”, en el Camino de San Diego, La Laguna, Tenerife, del arquitecto Virgilio Gutiérrez Herreros.
Otras menciones se concedieron en diferentes categorías menos representadas, relativas a restauración-rehabilitación y al proyecto del espacio público; no obstante el propósito de este artículo es centrarse en la reflexión sobre la experiencia que, en materia de vivienda, colectiva o unifamiliar, esta edición del premio arroja, una reflexión que se hace bascular, como índica el título, sobre la constitución del espacio interior y sus relaciones con el paisaje, una categoría cada vez más omnipresente en cualquier interpretación de la práctica de la arquitectura contemporánea.
La obra” 8 casas inscritas y tres patios. Edificio VPO”, en Vecindario, Gran Canaria, de Pedro Romera García y Ángela Ruiz Martínez, vencedora del Primer Premio, desarrolla un hábil trabajo de interpretación del contexto normativo de la vivienda social, siempre sujeto a importantes limitaciones, logrando un edificio de gran fuerza plástica, donde la variabilidad de su fachada ventilada incorpora una interesante variabilidad cromática dentro de un paisaje urbano de escasa cualificación. La utilización de los elementos arquitectónicos primarios como la luz, el color, la textura, la geometría, la volumetría y la materia, estructuran una muy articulada relación interior-exterior, entre el despliegue de un plano plegado de gran fuerza visual en el espacio de la calle hasta la creación de una atmósfera doméstica cromáticamente particularizada en cada uno de los patios, también de gran capacidad plástica en una reverberación de la arquitectura de Barragán de cierta resonancia metafísica.
Junto a este interior sobre el que gravitan las viviendas, la geometría plegada de la fachada en su movilidad, entre el pliegue y el despliegue, entre la clausura blanca y casi inmaterial del plano articulado y sus aperturas cromáticas, incorpora un elemento de dinamismo en el paisaje de la calle, resultando una obra que dignifica y reivindica como posible la calidad de la arquitectura de la vivienda social, constituyendo en nuestra opinión la mayor aportación innovadora de esta edición del premio.
De los mismos arquitectos Pedro Romera García y Ángela Ruiz Martínez , contando con la colaboración en la pieza escultórica del jardín con el artista Juan Correa, es la vivienda unifamiliar en Santa Margarita, Gran Canaria, que, levantada sobre un importante zócalo que delimita la parcela, desarrolla la vivienda inserta en un jardín, a su vez recintado por la escultura que desarrollando una seriación vertical en el límite visual del mismo, en planta despliega parcialmente una geometría plegada. A su través, la casa propiamente dicha, establece relaciones complejas con el paisaje circundante, buscando relaciones diagonales, introduciendo la luz y las visiones de forma tensa y no evidente desde un exterior que se afirma más compacto.
Por su parte, la “Casa escondida”, en Gran Canaria, de José Antonio Sosa Díaz Saavedra, incorpora además de su interesante resolución geométrica abstracta, una notable relación con el paisaje, tanto por la configuración de la sección como la de la planta y por la articulación de la visión del espacio libre a diferentes escalas mediante el pliegue en sección según la dirección que va desde el acceso a la terraza y el jardín posterior. La casa funciona como un objeto que en dos direcciones opuestas establece relaciones, asimismo divergentes de apertura o clausura. Frente al acceso posterior a la vivienda, emplazado en el extremo más estrecho y cerrado del edificio hasta su fachada opuesta, abierta al paisaje, la casa desarrolla una progresiva ampliación de la sección transversal a ese recorrido, como un itinerario que se va abriendo secuencialmente hasta finalizar en la total entrega a la visión del paisaje.
Por otra parte la secuencia espacial del recorrido desde el acceso a la parcela hasta la casa (y como hemos visto, también a su través a la apertura al paisaje lejano, que lo continua), en un camino dilatado y con un giro de noventa grados que introduce un elemento de variabilidad en la experiencia del acceso describe una interesante promenade de llegada a la vivienda.
La obra, “Casa, árboles y casa de muñecas” en el camino de San Diego en la Laguna, Tenerife del arquitecto Virgilio Gutiérrez Herreros, destaca por su capacidad para construir un cualificado ambiente artificial utilizando los limitados recursos paisajísticos del entorno, creando un paisaje interior doméstico a la escala del jardín, y replanteando muy eficazmente en un contexto contemporáneo la vigencia del lenguaje moderno. La sobriedad, circunspección y seriedad formal alejada de cualquier recurso a la espectacularidad tiene como resultado un interesante espacio para el habitar contemporáneo. Es de destacar el juego de escalas que se propone con la incorporación de la casa de muñecas, recreación casi homotética del propio proyecto de la vivienda, otorgando una vibración lúdica al espacio, en esa ambigüedad entre lo grande y lo pequeño como en el cuento de Lewis Carroll, dimensión lúdica en la que el territorio del juego sigue gozando de las mejores cualidades del espacio sobrio y preciso del proyecto de la vivienda.
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Versión en Contemporánea nº 9
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Exposición:
Las Palmas de Gran Canaria, Gabinete Literario, hasta el 9 de Enero de 2009
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