domingo, 28 de diciembre de 2008

¿Que paisaje?

Las Canteras. Foto: Juan Ramírez Guedes
Nuevos paisajes. Fotomontaje de Miriam Chantal Castro

PAISAJE[S] INTERMEDIO[S]: utopía y ubicuidad
Juan Ramírez Guedes

Utopía: lugar que no existe. Lo que no tiene lugar
Ubicuidad: presencia simultánea en todas partes


1. La pregunta por el paisaje

Recientemente hemos leído: “Si intuimos respuestas al paisaje ¿Cuáles son las preguntas?”... Se trata del título de un artículo de Martí Franch y Víctor Tenez publicado en el número 1 de la nueva revista Paisea dedicada a la temática del paisaje. El título acierta insensiblemente, en nuestra opinión, en el diagnóstico de un problema fundamental que aqueja a este campo de trabajo y a este concepto, el paisaje, y que es, en efecto, la anteposición de una serie de “respuestas” antes de conocer realmente cuáles son los términos de la pregunta o preguntas a las que deberían referirse; más aún, cuál es esa pregunta o preguntas, en definitiva ¿qué paisaje?, ¿qué entendemos por paisaje?...
En tales condiciones es difícil que una multiplicidad de proposiciones, proyectos e imágenes se dirijan finalmente a algo más que a la verificación de un imaginario particular y contingente. Dicho esto, aclaremos que no vamos a intentar desde aquí responder a esa pregunta, nuestro interés es sólo intentar un acercamiento a una idea de paisaje, no convencional, una idea que, aunque poco sistematizada, respondería a una redescripción de la visualidad del espacio contemporáneo, visualidad, no obstante, de fundamentación no puramente óptica sino intensamente transfigurada por la interpretación, por la elaboración mental de un imaginario, un constructo heterogéneo, hecho de materiales que aporta la geografía y el territorio a través del ojo, pero también a través del pensamiento y de la cultura, al que hemos dado en llamar paisaje.
Por eso es así que no son suficientes las definiciones de los diccionarios, que reducen el paisaje a “la apreciación visual del territorio”, por ejemplo, entre otras acepciones simplificadoras. Tampoco valen, por la misma razón, actitudes meramente operativas como las que tienden a confundir el paisaje y el proyecto del paisaje con una especie de decoración a escala geográfica, o a confundir también el paisaje con la jardinería, etc., es decir, a incurrir en una simplificación ornamentalista de trasfondo estetizante que finalmente destensa y despoja a ese paisaje, a ese imaginario, de toda su complejidad y de toda su intensidad conceptual y plástica. La deriva hacia el ablandamiento de nuestra visión del mundo en función del paradigma de la agradabilidad consensual sin espesor ni sentido, desposee en fin, al paisaje, a esa imagen construida, de su teórica capacidad de ayudarnos a reconstituir una mirada penetrante sobre el mundo a través del lugar transfigurado.
Y sin embargo, a pesar de ello, a pesar de la inexistencia de un consenso teórico sobre su conceptualización, el paisaje como realidad, como idea y como fenomenología del espacio y del territorio ha recibido el constante interés del pensamiento, desde por ejemplo, Ortega y Gasset (¿Qué es un paisaje?) que, frente a las bienintencionadamente planas y tal vez ingenuas definiciones del Convenio Europeo del Paisaje que intentan articular normativamente un concepto universalizado de paisaje con finalidades administrativas y operacionales, ya establece que: “el paisaje es aquello del mundo que existe realmente para cada individuo, es su realidad misma. El resto del universo sólo tiene un valor abstracto… No hay un yo sin un paisaje y no hay un paisaje que no sea mi paisaje, o el tuyo o el de él. No hay un paisaje en general”, posicionamiento de Ortega que, si bien matizable por su tal vez excesivamente subrayada visión subjetivista que puede interpretarse como de un feroz relativismo, tiene, no obstante, el valor de evidenciar el carácter esencialmente cultural de la noción de paisaje, su propia condición de constructo.

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Camino al paraiso. Foto: Alberto Suárez González
Proyecto de Angel Verdasco y Pilar Arranz

2. Paisaje de la complejidad

Sin embargo, la evidencia de esta condición de construcción cultural del paisaje, no obsta para que sea legítima (y en este contramovimiento se pone de manifiesto otra condición: la de la complejidad) la demanda de la tendencia a una intersubjetividad que permita la ponderación crítica de las hipótesis de aquellas “respuestas” al paisaje que citábamos al inicio. Esta expectativa referida a los resultados relativos a la indagación sobre el paisaje, evidentemente trasciende de la esfera puramente intelectual a la necesidad de responder desde supuestos enormemente parciales, que seguramente están desde su propia génesis en la imposibilidad de ir más allá de la pura especulación en términos de imagen.
Y es que cuando hablamos de paisaje, estamos manejando una categoría compleja y al propio tiempo sintética de un conjunto de aspectos que ya difícilmente se pueden seguir considerando separadamente. Porque paisaje, puede definir tanto una realidad fáctica, como una noción de esa realidad, un artilugio intelectual de doble filo que contiene y atiende tanto aspectos referidos a la materialidad como a su recepción estética. Por eso finalmente la categoría de paisaje encuentra su mejor encaje en una visión que atienda a la complejidad como condición consustancial de la realidad.
Es en ese carácter de artilugio, de máquina de interpretar, donde el proyecto contemporáneo encaja en su facultad de investigación como ensayo y como simulación hipotética de imágenes tal vez posibles, que en su proteica irrealidad sin embargo ayudan a encontrar dimensiones nuevas en una realidad vivida automáticamente, percibida en forma rutinaria por la distracción del ojo acostumbrado. Es decir, exploraciones que pudieran parecer puramente retóricas, tal vez supongan en cambio una nueva ventana en la percepción, nuevas panorámicas de eso que vemos todos los días sin mirarlo realmente.
Aunque, como decía, la pregunta por el paisaje, así heideggerianamente enunciada, está sin respuesta y probablemente sea así porque las tentativas en realidad se han antepuesto como praxis artística y técnica a la propia escucha de los términos teóricos de la pregunta, esta desviación, sin embargo, no desactiva el potencial de apertura de visión que dicha praxis arroja. Este potencial evocador reside en el extrañamiento que producen algunas de estas elaboraciones de proyecto de paisaje, extrañamiento que más allá de la extrañeza, mueve a afilar la mirada y la visión y a encontrar datos y cualidades en lo real, datos y cualidades muchas veces inadvertidas por el automatismo de la recepción estética emplazada en la observación rutinaria, como también porque simplemente esos datos y cualidades no estaban ahí antes, (u-topos) pero que pueden pasar, en una oscilación entre el mundo y el ojo, a formar parte de un imaginario inasible pero finalmente vinculado culturalmente a ese lienzo de lo real. Que también es un constructo. Esas oscilaciones introducen vetas, fisuras interpretativas en la criptrogeometría relacional de lo visible con lo, en apariencia, invisible, contiuum entre lo uno y lo otro que constituye la visión estereoscópica de la que hablaba Jünger, evidencian un discurso que hace reverberar una geometría interior, a veces explícita y otras velada, imágenes que nos muestran a veces un nuevo paisaje como expresión casi de la imagen general de la ciudad o del territorio o, por el contrario, paisajes intermedios, insertos e incisiones en los intersticios, en los fragmentos que sin embargo explican el todo, el mundo y el lugar transfigurados.
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Granadilla. Foto: Juan Antonio González Pérez
Proyecto para Seminario Ciudad-Puerto. Juan Ramírez Guedes. Biennale di Venezia, Architettura, More Ethics less Aesthetics, 2000.
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3. La dialéctica forma-imagen

Esa mirada transfiguradora del lugar que construye el paisaje, es una mirada que se erige sobre la dialéctica forma-imagen. Si la forma es en realidad un sistema de relaciones espaciales inherentes a la propia esencia y a la materialidad del lugar, del territorio o del objeto (constitución elemental, posición, dimensiones, relaciones geométricas y topológicas intrínsecas), la imagen constituye la expresión de la elaboración temporal y cultural de la forma. La imagen “se ve” al propio tiempo que el proceso de intelección de lo visto nos hace “pensar” la forma. Es esta oscilación mental entre la imagen vista y la forma subyacente, con todas sus atribuciones, la que constituye finalmente la idea de paisaje en su sentido más completo y complejo; por ello un proyecto de paisaje que actúe sólo sobre la imagen contingente y no sobre la forma soportante es finalmente un proyecto sobre la mera apariencia, un proyecto de apariencias.
La imagen vive en el tiempo, en el tiempo largo de la decantación histórica de una significación (véase al respecto el sentido de la imagen dialéctica de Walter Benjamín) y simultáneamente en el tiempo instantáneo de la vivencia, el “tiempo ahora” (Jetztzeit) benjaminiano. La confrontación de ambas dimensiones arroja la constitución temporal de la imagen a través de la interrelación dinámica de las formas que la construyen en esa oscilación en sus diferentes figuras, sus figuras constructivas.
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El Graf_Zeppelin sobre la Catedral de Las Palmas de Gran Canaria
Chigago desde el John Hancock. Foto: Juan Ramírez Guedes

4. Vacío e interferencia como figuras constructivas del paisaje
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Pero ¿cuáles son esas figuras, las figuras constructivas del paisaje?.... En un interesante artículo titulado precisamente Figuras constructivas del paisaje del filósofo Arturo Leyte (revista Sileno número 11, páginas 8-17, un número monográfico dedicado a Heidegger), se responde a esta pregunta por las figuras constructivas y a la pregunta por ese paisaje final que ellas construyen, si bien en el primero de los casos aludiendo a los arquetipos heideggerianos clásicos de “la cabaña, la caverna, el templo, la casa y el puente”, añadiendo a continuación que estas “figuras” lo son también en términos retóricos pues finalmente asumen una condición metafórica para nombrar a la verdadera figuralidad del paisaje: el entre (Zwischen), el dominio de aquella oscilación a la que nos referíamos, el espacio intermedio, el intersticio por el que fluye el tiempo de la imagen en la cambiante dialéctica forma-imagen.
Ese espacio intermedio asume pues la condición fundamental de figura constructiva (pero no como la figura entendida dentro del viejo binomio “figura-fondo”), figura que puede encarnarse en los saltos de la continuidad en el proceso de formación de la imagen. Esas discontinuidades entre los estados de la imagen, del paisaje, asumen la condición de tensiones, de solicitaciones que producen una intensificación de aquella imagen, otorgándole su connotación más característica, su mayor capacidad de hacerse reconocible y definible.
En ese sentido, propongo dos formas de discontinuidad del paisaje, dos figuraciones de ese entre, de ese espacio de la intermediación, como sus auténticas figuras constructivas intersticiales: la primera es el vacío, como campo de resonancia, discontinuidad que provoca la formación de un espacio negativo que actúa sobre la imagen como elemento abstracto que la dinamiza por “succión” intensificándola. La segunda discontinuidad o figuración del espacio intermedio es la interferencia, como algo que se interpone entre el sujeto observador y el objeto observado (o entre dos objetos). Es un acontecimiento, una intrusión que modifica una representación previa, un sonido, un espacio, que produce en la recepción de una señal, otra extraña y perturbadora y tal vez sugerente. Interferencia instantánea o permanente, atendiendo a los diferentes tiempos de la imagen. Interferencia que en la discontinuidad de sentido que introduce, intensifica a la imagen, al paisaje.
Si la interferencia actúa casi como punción, como impacto, como extrañamiento, el vacío es un campo de resonancia, un campo de fuerzas, como un campo magnético, espacio de despliegue de las tensiones de atracción-repulsión entre dos imanes, un campo donde fluyen las tensiones figurales. La dinámica inestable de ambas discontinuidades, vacío e interferencia, arroja finalmente la propia inestabilidad esencial de la imagen, inestabilidad intensificada que pone en crisis la clásica valoración del paisaje como una composición de fondo y figura (en su sentido clásico objetual, no como tensión constructiva), composición que cede su lugar a un más complejo campo relacional en el que figura y fondo intercambian sus papeles, se substituyen mutuamente en una constante iteración, donde lo lejano puede asumir en realidad un papel de primer plano (véase la obra de Patinir, por ejemplo) o donde la figuración próxima asume la misión de catalizador de lo que la sucede en el plano figural, como en este haiku:

La lejana montaña
se destaca en los ojos
de la libélula
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La lectura de la imagen y del paisaje como imagen a través de sus discontinuidades y del papel intensificador de la interferencia y el vacío (dominando pues los caracteres inestables y dinámicos frente a la estaticidad y la continuidad) en lugar de la remisión a la canónica composición figura-fondo, manifiesta también su mayor complejidad en el efecto de estereoscopia que produce la pérdida del lugar fijo del fondo y la figura, ahora móviles e intercambiables en una inestable oscilación, pues esa condición de lo complejo reconcilia la circunstancia utópica (la que lo que no tiene lugar) con la ubicua (la de lo que está en todos los lugares) y los espacios intermedios y sus paisajes asumen esa doble y paradójica cualidad, donde funcionan en la imagen del paisaje, al unísono lo lejano y lo cercano, lo grande y lo pequeño, lo pequeño dentro de lo grande pero también en la complejidad de la escala figural, lo grande dentro de lo pequeño. Como en un Aleph: el paisaje en el entre.
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Publicado en Formas 18 pp. 62-67
Publicado en Noticias Arquitectura 2009

viernes, 26 de diciembre de 2008

Líneas sobre Las Palmas


Las Palmas de Gran Canaria

Líneas sobre Las Palmas. Entrevista -imaginaria- con Ernst Jünger
Juan Ramírez Guedes
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Las Palmas de Gran Canaria, finales de diciembre. Jünger llega con veinte minutos de retraso a la cita; se excusa con una sonrisa y atribuye la dilación al tráfico de la ciudad. Esta mañana temprano ha ido a pasear por Las Canteras y le ha sorprendido allí el mediodía.
- P: ¿Ha encontrado en su paseo muchas diferencias con respecto a la imagen que transcribe en sus Memorias?
-R: En cierto modo y a pesar de las numerosas transformaciones que he observado, creo que sustancialmente el espíritu de la ciudad no ha cambiado demasiado, al menos en lo que mis ojos han percibido en las pocas horas que llevo aquí. Es posible que la edad haya petrificado mi retina y no tenga ya en la mirada aquella elasticidad de la visión estereoscópica, pero permítame que lo dude.
-P: ¿Y cual sería ese espíritu de la ciudad, de Las Palmas, en que estriba?
-R: Es difícil responder con palabras; yo percibo un cierto desencajamiento del Genius Loci, un desacomodo del ser de la ciudad con respecto a su estar en la historia; añadiría metafóricamente, si me lo permite, que es algo como el Dasein que no termina de encontrar su ahí. La característica de ese espíritu que más me impresiona es su tendencia a la indecisión.
-P: ¿Esta tendencia a la indecisión, como se manifiesta?
-R: Insiste usted en formular preguntas de difícil respuesta; debe entender que hablamos de cosas relativamente inefables; creo que sería preciso recurrir a un lenguaje, a un pensamiento en imágenes para poderle responder. Las palabras son radiaciones de imágenes lentas que llegan a través del tiempo; la relación entre ellas yo diría que se corresponde con aquella relación entre la verdad y las metáforas, el metal y las monedas, según la idea de Nietzsche. Ahora bien, regresando a su pregunta, la indecisión de que habla, a mi modo de ver radica en un estado de indefinición, de no asunción de una posición en el seno de ese espíritu más general, el Weltgeist, el espíritu del mundo.
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-P: No se si acabo de entenderle: ¿este espíritu de la ciudad representa en realidad un estar fuera?
-R: Quizá sea más correcto decir un no estar. Uno de los nihilismos consiste en cerrar los ojos y negar la realidad de los tiempos: el nihilismo implícito del que hablaba Nietzsche; negándose a asumir el hálito del Weltgeist, se coloca, por así decirlo, al margen de la vida. La reivindicación de los viejos valores bloquea al final cualquier recolocación en el surco del tiempo.
-Jünger toma un sorbo del dry Martini que le han servido poco antes; tras un instante prosigue-En La Tijera, escribí sobre la fuerza o la potencia sin nombre que yace dormida en la ola; lo natural en la ola es comunicar esa potencia en el movimiento ondulatorio del agua hasta culminar su camino y hacerse espuma en el arrecife. La espuma del oleaje representa la verificación del destino de la ola. A este propósito, en Las Palmas, parece que las olas suspenden su consunción en la espuma. Una ola así, tal vez ya no pueda llamarse ola. La espuma que hoy he podido ver saltando en el mar azul sobre la barra de Las Canteras, no hace que consiga desterrar este pensamiento.
-P: ¿Este planteamiento tal vez hace referencia a un estado de perpetua inconclusión? De ser así usted atribuye a esta ciudad lo que no es más que una característica de la ciudad contemporánea, y aún diría más, de la ciudad a través de la historia; la ciudad debe entenderse como una opera aperta.
-R: Evidentemente no radica sólo en ese extremo el sentido de lo que trato de expresar. Ese carácter de obra abierta viene expresado por la espuma de la ola; el lugar en la punta de la flecha del tiempo no es un lugar inmóvil; la ola al estrellarse, se abre; justamente lo que intento decir es que en este caso la obra ha sido cerrada. Ha sido cerrada si no en el mundo de la apariencia sensible, si en el mundo más oculto del desideratum, del sentido de la intangible construcción de una cartografía de los deseos colectivos de los habitantes.
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-P: ¿Debo entender que esa cartografía de los deseos representa de alguna forma la noción de proyecto? No creo que el destino de la ciudad contemporánea pueda comprimirse en una sola idea, en un único proyecto que sintetice ese desear colectivo; ¿no piensa que hablamos de una realidad más poliédrica y sobre todo más fragmentaria?
-R: Me ha hecho dos preguntas y creo que puedo responder a ambas a un tiempo: en primer lugar esa cartografía lo que representa es un conjunto de líneas de múltiple geometría: hay líneas paralelas, convergente y divergentes; algunas de estas líneas deben propender a articularse y construir haces, a sumar sus fuerzas; otras, por el contrario, se perderán en las estrellas. La expresión de esta diversidad es lo que posibilita la aparición de un sentido. Son tan importantes las líneas que colaboran entre si como las que están destinadas a un infinito viaje, porque unas construyen el suelo y otras el horizonte.
-P: No obstante me gustaría insistir en el carácter fragmentario del mundo contemporáneo, aún en esta era, y por lo tanto de la ciudad, lugar de intensificación de sus cualidades; ¿cual sería el papel de su cartografía?
-R: En cierto modo vendría a suponer una polifonía, una construcción coral donde no todo fuese necesariamente armónico, porque la armonía muchas veces cierra. Es más, seguramente debería incluir disonancias e incluso ruido. Son necesarias tanto las líneas divergentes como las convergentes; también las silenciosas líneas paralelas que sólo pueden encontrarse en el infinito. Lo importante es la noción de apertura.
-P: En otro orden de cosas las ciudades que usted transcribe tanto en Heliópolis como en Eumenswil, son ciudades insulares como Las Palmas; la isla reaparece en su Visita a Godenholm. Parece haber en su obra un específico interés por lo que la isla significa.
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-R: En efecto, así es; y debo decirle por lo demás que aquella ciudad del sol, Heliópolis, contiene algunas resonancias de Las Palmas: aquellas islas de Las Hespérides, la cualidad del universo oceánico, el brillo del sol... Pero volviendo a su afirmación, creo que la isla es un lugar singular donde se confunden las geometrías del espacio y el tiempo. La isla reúne la condición de la monotonía del tiempo autodevorado con la apertura que provoca la confrontación con lo inconmensurable, con el ignoto horizonte oceánico: es un lugar a la vez cerrado y abierto. De su finitud y su reconcentración puede emanar una intensificación de la conciencia que provoca la visión estereoscópica.
-P: Pero también son espacios claustrofóbicos, al menos en dos de las obras citadas.
-R: Es que hay un movimiento y un contramovimiento. Toda moneda tiene su reverso, y no interprete esto como una declaración de dualismo maniqueo. La intensificación de la conciencia puede ser un proceso doloroso, pero la condición de la expansión es la previa compresión. Al final recuerde que es Ben Gunn el único que conoce el emplazamiento del tesoro.
-P:¿La isla es el lugar de La Emboscadura por antonomasia?
-R: No es casualidad que Waldgang (emboscadura) sea una palabra de origen islandés; pero se puede uno emboscar en cualquier sitio, en un apartamento en Brooklyn como el personaje de Auster o en una cabaña más allá de sendas perdidas como la de Heidegger.
-P: Dígame cual es su arquetipo para la figura del emboscado.
-R: El mundo de la literatura está poblado de estas figuras: quizás la más completa en su radicalidad sea la que representa el capitán Nemo, cuyo mismo nombre ya es una forma de emboscadura, emboscado en su submarino, una isla móvil (Mobilis in Mobile). También se podría decir que Hamlet es un emboscado, agazapado en las profundidades de su consciencia, tras el parapeto de la locura.
-P: Sólo un par de preguntas y terminamos: volviendo a la ciudad de Las Palmas, ¿tiene algún lugar de especial resonancia para usted?

-R: En mi vista de 1970, concretamente a principios de junio, si la memoria no me engaña, ya estuve en un lugar especial, en La Isleta, donde pude recorrer las salinas y los secaderos de pescado. Me bañé entre los arrecifes de lava más allá del Confital y estuve pescando en los charcos y recogiendo conchas para mi colección; conchas de todas las formas que yacían mezcladas entre una especie de grava de origen orgánico entreverada de partículas de roca finísimamente molida por el mar. Recuerdo que pasé aquella tarde invadido por una especie de bienestar geométrico bajo el silencio geológico sólo roto por el ulular del viento. Ahora tengo entendido que ese espacio se halla amenazado: más olas sin espuma. Más allá de lo que representa para el naturalista, creo que ese lugar constituye un patrimonio poético, si la geografía puede admitir esa idea. También estuve esa tarde en La Puntilla, donde ahora hay una plaza y un restaurante; recordando a Melville creí ver más allá de la barra a la Ballena Blanca.
-P: Para acabar, permítame recordar sus palabras finales de La Tijera; decía usted que "inmediatamente antes e inmediatamente después -del momento de la muerte- se producirán muchísimos acontecimientos interesantes"; ¿podría decirme si finalmente tenía usted razón?
-R: No se como responderle. No estoy seguro de cual fue el instante del trance... ¿Que es el fin? Después de que Hamlet pronunciara también aquellas últimas palabras: "The rest is silence", su voz sigue oyéndose una y otra vez por todo el mundo traspasando el muro del tiempo.
-P: ¿Volveremos a hablar en otra ocasión?
-R: Seguramente.
-P: Espero que ese no sea un encuentro peligroso.
-R: Yo también, pero en todo caso no olvide los versos de Patmos de Hölderlin, las líneas del peligro y las líneas de la oportunidad.
-P: Hasta la vista Herr Jünger.
-R: Auf Wiedersehen.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Cine y espacio



Walter Ruttmann, arquitecto del cine abstracto
Juan Ramírez Guedes


Walter Ruttmann nació en Frankfurt am Main en 1887. Formado inicialmente en el Goethe-Gymnasium, se trasladó a estudiar arquitectura a Zurich, en Suiza en 1907. Posteriormente estudió pintura en Munich. Esta amplia formación le llevó a explorar, desde 1922, el campo cinematográfico, territorio artístico que el llegó a entender como síntesis completa del arte moderno, el sueño expresionista del cine absoluto, obra de arte total sumatoria de todos los lenguajes expresivos del arte moderno. Para Ruttmann, “la cinematografía forma parte de las artes plásticas, y sus leyes se aproximan sobre todo a las de la pintura y la danza, siendo sus medios de expresión formas, superficies, luz y sombra con todas sus connotaciones anímicas, pero por sobre todo el movimiento de estos fenómenos ópticos, la evolución temporal de una forma a partir de otra. Es un arte plástico con la característica novedosa de que la raíz de lo artístico no debe buscarse en un resultado concluyente, sino en el devenir temporal de una revelación a partir de otra”.
En está línea y a partir de sus experimentos con el cine de animación, llegó Ruttmann a erigirse en una de las figuras más emblemáticas de la cinematografía alemana, rodando desde 1921 hasta 1941 en que muere, cerca de treinta películas, entre las que destaca Berlín, sinfonía de una ciudad, en 1927. Pero aunque este filme es conocido sobre todo por su carácter documental, género en el que sin duda es una obra maestra ejemplar, modelo del cine documental europeo y americano posterior, su dimensión más importante se cifra en constituir su realización más elaborada de su concepto de cine abstracto, aportación de Ruttmann al cine de vanguardia.
Berlín, sinfonía de una ciudad, está inspirada en el documental soviético "Kino-Nedelia" (1918) de Dziga Vertov aunque también hay que destacar la influencia del cineasta expresionista Carl Mayer sobre la idea de partida, siendo coautor del guión; la película constituye una obra visualmente muy intensa, técnica y artísticamente experimental que, girando sobre la estética del movimiento, del cinetismo y la movilidad, trata de describir objetivamente la vida cotidiana de la ciudad de Berlín en un segmento de un día en poco más de una hora de metraje.
Pero sobre esa base temática documental, Ruttmann, partiendo de su experiencia adquirida en el cine de animación, experimenta en la búsqueda de la expresividad directa de las imágenes, a través de medios abstractos, geométricos, del movimiento y la velocidad. Una forma de narración sin trama argumental dramática, donde el tiempo, como una realidad abstracta y descarnada es protagonista de la narración visual, como una dimensión física, no psicológica, un desarrollo rotundamente visual en la que el espectador asiste a una sinfonía abierta con variaciones que generan y transforman la forma, la textura y la iluminación de espacios y objetos, en un haz de líneas, superficies y volúmenes en una combinatoria de blanco, negro, de sombras, en ocasiones de forma aleatoria, con repetición de elementos formales que se precipitan y enlazan con el silencio; una obra que constituye no tanto un documento histórico de una determinada ciudad sino más bien la puesta a punto de una técnica cinematográfica que años más tarde influiría en el conjunto del cine europeo, una técnica construida sobre un sistema propio de ritmo y montaje.
Bajo la influencia expresionista se propuso una poética deliberadamente antinaturalista, con escenarios aunque reales, organizados en composiciones dinámicas que no imitan a la realidad, sino que recrean plásticamente (líneas en diagonal, angulaciones, sombras) un universo abstracto a partir de la imagen real, en una objetividad de la cámara, que desnaturaliza la imagen a fuerza de retratar "naturalmente" la pura realidad formal y matérica, que reconstruye una realidad “otra”, abstracta y de leyes propias, en el ejercicio insistente y disciplinado de no dejarse “contaminar” por ninguna superposición argumental que dotase de ningún indicio de trama a la pura “descripción” óptica del espacio (*). Por ello esta película se considera también una obra paradigmática del movimiento de la
Nueva Objetividad, que, representando una reacción frente al expresionismo, adquirió una gran influencia en el arte moderno alemán, singularmente en la arquitectura racionalista.

Filmografía de Walter Ruttmann

“Opus I”. 1921
“Opus II, III, IV”. 1920-23
"Der Falkentraum" secuencia de “Die Nibelungen” parte 1ª. (Lang). 1923
“Die Abenteuer des Prinzen Achmed” (Reiniger) Animación; colaboración. 1923-26
Secuencia para “Lebende budas” (Wegener). 1924
“Opus V”. 1925-26
“Berlin, die Sinfonie der Grossstadt” . 1926-27
"Tönende Welle" episodio para “Das weisse Stadion” (Fanck). 1928
“Melodie der Welt”; “Des Haares und der Liebe Wellen”. 1929
“Wochenende”. 1930
“In der Nacht”. Documental. 1931
“Acciaio”. (Rodada en Italia). 1932-33
“Blut und Boden”. !933
Guión de “Triumph des Willens”; (Riefenstahl). 1934
“Kleiner Film einer grossen Stadt”. 1934
“Schiff in Not”. 1936
“Mannesmann”. 1937
“Henkel”. 1938
“Deutsche Waffenschmiede”; “Deutsche Panzer”; “Aberglaube”. Documentales. 1940
“Volkskrankheit Krebs”. Fragmento. 1941

Bibliografía sobre Walter Ruttmann

Kracauer, Siegfried.: A Psychological History of the German Film, Princeton, New Jersey, 1974.
Russett, Robert, and Cecile Starr.: Experimental Animation, New York, 1976.
Film as Film: Formal Experiment in Film, 1910–1975, Catálogo de la exposición., London, 1979.
Barber Stephen. Projected cities. Cinema and urban space. Reaktion Books, London, 2002. Edición española: Ciudades proyectadas. Cine y espacio urbano. Gustavo Gili, Barcelona, 2006.
Metzger, Rainer.: Berlin - Die Zwaziger Jahre. Deutscher Taschenbuch, München, 2006. Edición francesa; Berlin Les annés vingt. Editions Hazan, Paris, 2006.

(*) Una reminiscencia de esta indudable genealogía podemos encontrar en el
Nuevo Cine Alemán, fundamentalmente el la obra de Wim Wenders, que incluso teoriza esta autonomía de la imagen óptica sobre la narración de “historias”, para él meras excusas y vehículos de la construcción del fluido visual. Llega a realizar esta afirmación incluso refieriéndose a su film Paris Texas
(1984), que indudablemente dispone e una estructura dramática muy artículada e intensa, debida en parte al guión de Sam Shepard.

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Berlín, sinfonía de una ciudad
Ficha técnica

Título original: Berlin, die sinfonie der Grosstadt
Año: 1927
Duración: 77 min.
Nacionalidad: Alemania
Género: Documental
B/N
Dirección: Walter Ruttmann
Fotografía: Laszlo Schaeffer, Robert Baberske, Reimar Kuntze
Guión: Carl Mayer, Walter Ruttmann, Karl Freund
Música: Edmund Meisel
Dirección Artística: Eric Kettelhut

sábado, 13 de diciembre de 2008

XIII Premio de Arquitectura de Canarias

VPO en Vecindario, Gran Canaria. Romera y Ruiz arquitectos. Primer Premio modalidad obra nueva, vivienda

Premio Regional de Arquitectura de Canarias
XIII Edición
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Jurado:
Juan Torres Alemán, Manuel Feo Ojeda, Juan Ramírez Guedes, Jeffrey Kipnis, Fuensanta Nieto, Fátima Fernandes y Beth Galí
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Espacio interior y paisaje
Juan Ramírez Guedes

La última edición del Premio de Arquitectura de Canarias del COAC, del Colegio de Arquitectos de Canarias, fallada en junio pasado en Santa Cruz de Tenerife, teniendo como jurados a Juan Torres Alemán, anterior Decano del COAC como presidente, junto con Jeffrey Kipnis, crítico de arquitectura, profesor de arquitectura en la Ohio State University y profesor invitado en la Universidad de Columbia, Fuensanta Nieto, profesora de proyectos en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Europea de Madrid, Fatima Fernandes, profesora de la Sección de Arquitectura en la Escola Superior Artística de Oporto, Beth Galí. Presidenta del FAD, Manuel Feo Ojeda, profesor designado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria, y finalmente quien esto escribe, elegido por los concursantes, otorgó dos premios a las que se consideraron las mejores obras presentadas, siendo las mismas, en la categoría de obra nueva, vivienda, la obra: “8 casas inscritas y tres patios. Edificio VPO”, en Vecindario, Gran Canaria, de los arquitectos Pedro Romera García y Ángela Ruíz Martínez, y en la categoría de obra nueva, otros usos, la obra: “Centro Insular de Atletismo de Tenerife”, en Santa Cruz de Tenerife, de los arquitectos Felipe Artengo Rufino, José Mª. Rodríguez-Pastrana Malagón y Fernando Martín Menis, con la colaboración de Mariola Merino Martín, obra que además recibió el Premio Especial del Jurado por su relevancia y acierto.
Dada la calidad y cantidad de las obras presentadas en la modalidad de obra nueva, vivienda, el jurado consideró adecuado (interpretando generosamente las bases del certamen) otorgar más de una mención en esta categoría, resultando adjudicatarias de las mismas las obras: “Vivienda unifamiliar casa escondida”, en Gran Canaria, del arquitecto José Antonio Sosa Díaz-Saavedra; “Vivienda unifamiliar aislada Santa Margarita”, en Gran Canaria, de los arquitectos Pedro Romera García y Ángela Ruíz Martínez con la colaboración del escultor Juan Correa, y “Casa, árboles y casa de muñecas”, en el Camino de San Diego, La Laguna, Tenerife, del arquitecto Virgilio Gutiérrez Herreros.
Otras menciones se concedieron en diferentes categorías menos representadas, relativas a restauración-rehabilitación y al proyecto del espacio público; no obstante el propósito de este artículo es centrarse en la reflexión sobre la experiencia que, en materia de vivienda, colectiva o unifamiliar, esta edición del premio arroja, una reflexión que se hace bascular, como índica el título, sobre la constitución del espacio interior y sus relaciones con el paisaje, una categoría cada vez más omnipresente en cualquier interpretación de la práctica de la arquitectura contemporánea.
La obra” 8 casas inscritas y tres patios. Edificio VPO”, en Vecindario, Gran Canaria, de Pedro Romera García y Ángela Ruiz Martínez, vencedora del Primer Premio, desarrolla un hábil trabajo de interpretación del contexto normativo de la vivienda social, siempre sujeto a importantes limitaciones, logrando un edificio de gran fuerza plástica, donde la variabilidad de su fachada ventilada incorpora una interesante variabilidad cromática dentro de un paisaje urbano de escasa cualificación. La utilización de los elementos arquitectónicos primarios como la luz, el color, la textura, la geometría, la volumetría y la materia, estructuran una muy articulada relación interior-exterior, entre el despliegue de un plano plegado de gran fuerza visual en el espacio de la calle hasta la creación de una atmósfera doméstica cromáticamente particularizada en cada uno de los patios, también de gran capacidad plástica en una reverberación de la arquitectura de Barragán de cierta resonancia metafísica.
Junto a este interior sobre el que gravitan las viviendas, la geometría plegada de la fachada en su movilidad, entre el pliegue y el despliegue, entre la clausura blanca y casi inmaterial del plano articulado y sus aperturas cromáticas, incorpora un elemento de dinamismo en el paisaje de la calle, resultando una obra que dignifica y reivindica como posible la calidad de la arquitectura de la vivienda social, constituyendo en nuestra opinión la mayor aportación innovadora de esta edición del premio.
De los mismos arquitectos Pedro Romera García y Ángela Ruiz Martínez , contando con la colaboración en la pieza escultórica del jardín con el artista Juan Correa, es la vivienda unifamiliar en Santa Margarita, Gran Canaria, que, levantada sobre un importante zócalo que delimita la parcela, desarrolla la vivienda inserta en un jardín, a su vez recintado por la escultura que desarrollando una seriación vertical en el límite visual del mismo, en planta despliega parcialmente una geometría plegada. A su través, la casa propiamente dicha, establece relaciones complejas con el paisaje circundante, buscando relaciones diagonales, introduciendo la luz y las visiones de forma tensa y no evidente desde un exterior que se afirma más compacto.
Por su parte, la “Casa escondida”, en Gran Canaria, de José Antonio Sosa Díaz Saavedra, incorpora además de su interesante resolución geométrica abstracta, una notable relación con el paisaje, tanto por la configuración de la sección como la de la planta y por la articulación de la visión del espacio libre a diferentes escalas mediante el pliegue en sección según la dirección que va desde el acceso a la terraza y el jardín posterior. La casa funciona como un objeto que en dos direcciones opuestas establece relaciones, asimismo divergentes de apertura o clausura. Frente al acceso posterior a la vivienda, emplazado en el extremo más estrecho y cerrado del edificio hasta su fachada opuesta, abierta al paisaje, la casa desarrolla una progresiva ampliación de la sección transversal a ese recorrido, como un itinerario que se va abriendo secuencialmente hasta finalizar en la total entrega a la visión del paisaje.
Por otra parte la secuencia espacial del recorrido desde el acceso a la parcela hasta la casa (y como hemos visto, también a su través a la apertura al paisaje lejano, que lo continua), en un camino dilatado y con un giro de noventa grados que introduce un elemento de variabilidad en la experiencia del acceso describe una interesante promenade de llegada a la vivienda.
La obra, “Casa, árboles y casa de muñecas” en el camino de San Diego en la Laguna, Tenerife del arquitecto Virgilio Gutiérrez Herreros, destaca por su capacidad para construir un cualificado ambiente artificial utilizando los limitados recursos paisajísticos del entorno, creando un paisaje interior doméstico a la escala del jardín, y replanteando muy eficazmente en un contexto contemporáneo la vigencia del lenguaje moderno. La sobriedad, circunspección y seriedad formal alejada de cualquier recurso a la espectacularidad tiene como resultado un interesante espacio para el habitar contemporáneo. Es de destacar el juego de escalas que se propone con la incorporación de la casa de muñecas, recreación casi homotética del propio proyecto de la vivienda, otorgando una vibración lúdica al espacio, en esa ambigüedad entre lo grande y lo pequeño como en el cuento de Lewis Carroll, dimensión lúdica en la que el territorio del juego sigue gozando de las mejores cualidades del espacio sobrio y preciso del proyecto de la vivienda.
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Versión en Contemporánea nº 9
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Exposición:
Las Palmas de Gran Canaria, Gabinete Literario, hasta el 9 de Enero de 2009
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domingo, 7 de diciembre de 2008

Paisaje y esfera pública

Zabriskie Point Bench At Night. Joseph Orsillo


Diseño de Ena Cardenal

Paisaje y Esfera Pública. Libro al cuidado de Mariano de Santa Ana y Orlando Franco (Eds.)
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Próxima presentación:
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Artículo de Juan Ramírez Guedes:
Paisaje[S] Interioridad y exterioridad

Versión publicada en Noticias Arquitectura

sábado, 6 de diciembre de 2008

Intersticios verticales





Sistema 6. Proyecto: Juan Ramírez Guedes Colaboradores: Miriam Chantal Castro, Miriam García Torres, 

Intervención en el barrio histórico de Triana.
Juan Ramírez Guedes-
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El barrio de Triana, presenta dos peculiaridades que constituyen los argumentos fundamentales del proyecto Sistema 6
1.- Presencia de un sistema de espacio público interno en determinadas manzanas, de antigua formación, que constituye una red paralela a del sistema general de espacios libres del área. Esta red interna presenta problemas de escasez de funcionalidad y centralidad como consecuencia de la forma tradicional de edificación de la manzana.
2.- Presencia de un sistema de torres y belvederes que caracterizan el paisaje urbano de área en la cota de cubierta, definiendo un particular skyline.

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Criterios de proyecto- Recuperación de sistema interno de espacios libres de antigua formación
- Intervención sobre espacios y elementos intersticiales y que faciliten dicha recuperación.
- Extrusión vertical de los intersticios: mínima ocupación en planta y señalamiento visual de los espacios libres intermedios
- Intervención en el skyline del barrio de Triana en diálogo con su sistema de torres.
- Adecuación tipológica y urbana de la vivienda colectiva:
a.- Flexibilidad. Adecuación a las demandas programáticas contemporáneas.
b.- Relación con el sistema de espacios libres. Refuncionalización de los espacios libres intermedios.
c.- Inserción en área de alta densidad de la edificación. Centro histórico.
d.- Aprovechamiento de situaciones intersticiales y optimización de la ocupación en planta.
e.- Sección funcional vertical compleja: estratificación del uso publico/privado por niveles.
f. - Relación con el paisaje urbano. Visibilidad: caracterización del espacio público y el skyline.
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Operaciones de proyectoEl proyecto interviene sobre tres manzanas: M1, M2 y M3
Se compone de seis piezas en altura. Tres de mayor desarrollo en planta (torres escala A) y tres más esbeltas (torres escala B)
Se organiza asociando estas piezas (de dos en dos) a los elementos del espacio libre interno de las manzanas, de antigua formación, con la finalidad de recuperarlos como parte del sistema general de espacios libres de Triana.
Se ubican las piezas sobre intersticios, espacios residuales (solares) o mediante la sustitución de algunos elementos obsoletos pero de estratégica situación.
M1: manzana 1. (Patio público de manzana)
- Recuperación y apertura a calle Arena del patio de manzana (plaza interior).
- Sustitución de pieza en calle Arena. Torre 1 (Escala A). Relación calle-plaza interior.
- Ocupación de intersticio en el interior de manzana, dando a nueva plaza interior. Torre 2 (Escala B)
M2: manzana 2. Lagunetas (Plaza interior)
- Recuperación de sistema de callejones y plaza interior.
- Apertura de conexión a calle Mayor de Triana por pasaje cubierto
- Sustitución de pieza central. Torre 3 (Escala A).
- Ocupación de solar intersticial lateral a la plaza. Torre 4 (Escala B)
M3: manzana 3. (Jardín interior)
- Rescate para carácter público del jardín interior (nueva plaza)
- Uso público del callejón-galería a la calle Perdomo.
- Inserción de pieza adyacente al jardín interno. Torre 5 (Escala A)- Sustitución de residuo interior adyacente a jardín. Torre 6 (Escala B).

Proyecto seleccionado en SU05 en Arquitectos 178

lunes, 17 de noviembre de 2008

Seminario arquitectura y museos

CaixaForum Madrid. Herzog & de Meuron / New Museum NY. SANAA

Seminario arquitectura y museos
3,4 y 5 de diciembre de 2008. 19-21 h.
Coordinador: Juan Ramírez Guedes

Conferencias
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El museo en la arquitectura contemporánea
Juan Ramírez Guedes. LP_AEC. ULPGC
El museo puede considerarse como la categoría arquitectónica más definitoria y característica de la arquitectura contemporánea por su capacidad para resumir y representar sus atributos más genuinos y por su repercusión en la difusión del discurso arquitectónico contemporáneo en los medios culturales y en general en los medios de comunicación de masas. Esta consideración permite aproximarse tanto al estudio del papel específico que el museo desempeña en ese contexto como, por otra parte, a una más precisa caracterización de las cualidades y problemas generales más importantes de la arquitectura contemporánea a través del objeto museo. Esta problematización puede esquematizarse de este modo: aproximación a la tipología museo en la arquitectura. El museo en la arquitectura contemporánea: el objeto-museo como arquitectura, técnica y discurso cultural; iconicidad, espectacularidad, simulacro; el objeto arquitectónico-museo en la configuración del paisaje contemporáneo; el espacio-museo: exterioridad e interioridad; el espacio-museo en la constitución del espacio público en la ciudad contemporánea: museo y ciudad contemporánea.
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El museo hacia la era de la información
Fredy Massad. ¿btbW/Architecture
Asumiendo que el museo comprendido como sacralizado edificio-objeto o caja-contenedora deviene un concepto obsoleto no sólo para el arte contemporáneo sino también para las búsquedas de la arquitectura actual, se hace preciso reflexionar y especular sobre nuevas formas de interacción del arte con el espacio museístico. En la era del arte digital y los nuevos medios, emerge un nuevo concepto de 'museo' que transforma su papel, convirtiéndose en lugar para la experiencia y la creación experimental del arte, imbuyéndose así de un nuevo potencial activo como catalizador y constructor de los significados de su tiempo. Esta nueva identidad refleja la sustancia de la arquitectura de la era de la información, que trasciende la materialidad objetual para constituirse primordialmente como espacio de expansión intelectual y sensorial.
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El museo en la frontera del agua
Pedro N. Romera García. romerayruiz.com. ULPGC
En los encuentros fluctuantes entre la tierra y el agua, entre muchas realidades sin límites, es donde se generan nuevos descubrimientos en permanente transformación donde poder “aventurarse a descubrir los frágiles encuentros donde las cosas se lanzan señales unas a otras. Inducidas a vivir en permanente relación parecen hallar con naturalidad su sentido”. Lugares de experimentación para los procesos de reinvención de los espacios fronterizos, donde el proyecto de nuevos museos y espacio público es capaz de multiplicar vínculos e interconexiones, produciendo reestructuraciones que permiten formular un proceso de investigación acerca de este fenómeno en las ciudades con frente de agua.

sábado, 8 de noviembre de 2008

TEA Tenerife Espacio de las Artes. Intersecciones

Google Earth














Fotos: Juan Ramírez Guedes


Arquitectos: Herzog & de Meuron con Virgilio Gutiérrez Herreros 2008

Intersecciones en Canarias. Juan Ramírez Guedes

El País. Babelia- 15-11-2008


El TEA, Tenerife Espacio de las Artes, inaugurado recientemente en Santa Cruz de Tenerife es el segundo edificio museístico concluido este año en España por la firma Herzog & de Meuron, aquí con la colaboración de Virgilio Gutiérrez Herreros, meses después de la apertura del CaixaForum de Madrid, con el que presenta importantes diferencias que constituyen, por otra parte y en nuestra opinión, un giro en una práctica arquitectónica hasta ahora muy apoyada en la poética de los materiales y sus cualidades expresivas, o como en el caso del estadio de el Nido de Pájaros de Beijing, en la musculatura tecnológica, aspectos que, en este caso, estando sin duda presentes, ceden con claridad el protagonismo al despliegue del espacio.
Rafael Moneo, en su ensayo "Otra modernidad", reflexionando sobre los rasgos generales de la arquitectura contemporánea frente a la tradición arquitectónica moderna, señalaba el diferente papel que el espacio desempeña en una praxis contrariamente a la otra: dice Moneo, en resumen, que mientras que un rasgo fundamental del proyecto moderno es la función del espacio como "sustancia y justificación" de su arquitectura, en la estela de la idea de la "pura visualidad" de Wölfflin, en oposición a ello, siempre según esta hipótesis, en el caso de la arquitectura contemporánea el espacio deja de ser origen conceptual del proyecto para ser simplemente un resultado del mismo, un precipitado, presente pero no generador de la concepción de esa arquitectura.
En el caso del TEA, podríamos concluir que representa, al menos en parte, un giro hacia un planteamiento más inclinado a esa caracterización de lo moderno, dada la imposibilidad de entender completamente la concepción de este edificio desde otra instancia que no sea el espacio, por mucho que estén presentes otros elementos habituales en la arquitectura de sus autores. La presencia objetual rotunda y de gran expresividad del CaixaForum de Madrid, con una imagen exterior icónica que construye su discurso visual instantáneamente, se metamorfosea en el caso del TEA en el despliegue de unos volúmenes más silenciosos pese a su contundencia, que se fracturan y separan ante el espectador, sin generar una impregnación visual definitiva para la formación de su imagen total (aunque sí fragmentariamente), siendo preciso el desentrañamiento de su espacio interno para poder apreciar el verdadero sentido y valor de la obra.
El edificio situado junto al barranco de Santos en la capital tinerfeña es un conjunto de geometría compleja que se articula como un todo del que se desgajan total o parcialmente piezas triangulares, que mediante transformaciones geométricas dan lugar a la aparición de una serie de intersecciones y espacios intersticiales, entre ellos, la gran plaza triangular que, construyendo un pasaje urbano enlazando la diagonal, permite recorrer el edificio uniendo a su través, en una verdadera promenade architecturale, dos partes de la ciudad. Una auténtica intersección entre la arquitectura y el espacio urbano y, en definitiva, la ciudad como lugar y como paisaje. Desde ese recorrido diagonal también se percibe mediante aperturas laterales todo el espacio interior del edificio, fundamentalmente la biblioteca, estableciéndose una particular vibración en la relación visual interior-exterior que es uno de los aspectos más destacables de obra, intersección visual que es posible reconstruir desde otra percepción abordando el recorrido en sentido inverso, desde la rampa hasta el acceso a la plaza por su vértice.
El recorrido diagonal y la plaza son sede también del acceso a las principales dependencias del edificio: la biblioteca y el centro de arte además de otras funciones. Dentro de la biblioteca cobra su sentido más claro el tratamiento de huecos de la estructura muraria, fundamentalmente la del lado del barranco, múltiplemente perforada siguiendo un patrón obtenido mediante el pixelado de imágenes marinas, que vista desde el exterior aparece como un denso tatuaje del muro formado por un juego de pequeños espejos que reflejan fragmentos del paisaje urbano, pero que desde el interior su presencia oscura y ciclópea se ve traspasada por una constelación de fragmentos luminosos de diferentes formas, en una interesante contraposición a la luz uniforme que se le opone al otro lado, penetrando por el patio excavado junto al muro de contención que soporta el mural de Juan Gopar, también cercano a una interpretación borrosa del mundo acuático. El juego de transparencias y reflejos, la interposición del cristal, la contraposición de opacidades y perforaciones, de lo compacto y lo evanescente, a través de una sección de importante envergadura, hace de la biblioteca, sobre la que la plaza transita como un gran puente cerrado con cristal, un espacio de indiscutible belleza y significativa riqueza, constituyendo en nuestra opinión, junto con los desplazamientos que generan los intersticios de dimensión urbana, los verdaderos elementos ordenadores de la obra.
Si bien, en el sector destinado a museo, los espacios expositivos están resueltos de forma más neutra y convencional, como contenedores que, no obstante, permiten la organización de paisajes interiores temporales en cada caso, los recorridos interiores y otros espacios intermedios reúnen situaciones formales de interés en función de la variabilidad de la sección, los espacios de doble altura, los sucesivos plegamientos de planos y sus intersecciones, generando espacios de cierta complejidad geométrica, que, seguramente por pura aunque interesante casualidad, resuenan con algunos espacios geometrizados pintados por Óscar Domínguez en sus cuadros de la "Etapa de las redes". Otra posible intersección.
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